¡Vaya arte!

 
A las dos de la tarde, cuando toca la sirena, una turbamulta de alumnos se lanza atropelladamente a la caza y captura del mejor puesto en la fila para salir los primeros del aula -olvidandose de recoger las mochilas, los chaquetones, los ejercicios que les ha mandado la tutora, etc.- Es entonces cuando, ocasionalmente, se me acercan algunas alumnas de 6 años -siempre niñas- y me preguntan:

-Paulino, ¿te podemos cantar una canción?

Uno, que es de alma melómana, no osa ni por asomo decirles que no, no vaya a echar por la borda la futura carrera artística del alguna pop-star. Así que le digo que cómo no, que estaré encantado.

Aunque la música suele brillar por su ausencia, tengo que decir que el ritmo y la letra están bastante bien ajustados. Y las coreografías, trabajadas. Acabado el espectáculo, yo aplaudo aprobatoriamente, faltaría más.

Pues bien, terminado el número del trío de hoy, yo ya me levantaba y recogía mis cosas cuando se me acerca Patricia y me dice:

-Paulino, ¿te puedo cantar una canción?

Así que vuelvo a sentarme y a adoptar mi postura de crítico benevolente. Lástima que no pueda transmitir en modo alguno la tonada, pero dejo indicado que era a medida de la letra, la cual adjunto:

-Soy una sirena que vive en el mar...
soy una sirena que pasea por el mar...
soy una sirena quetienefamiliaenelmar -todo seguido para no perder la cuadratura rítmica-
soy una sirena... -duda- que trabaja en el mar.

Absorto en la letra y la melodía, espero el acorde final que me indique el fin del hit-parade. Pero algo me dice que tengo que levantar la vista y observo que la copla ya ha finiquitado. Aplaudo y la felicito con encomio. Y mientras Patricia se marcha a recoger su mochila me deja caer, no sin cierto orgullo:

-Me la he inventado yo.
El caso es que me parecía haber notado algo.