¿Quién no tiene una mascota?


-Your garden? -pregunta Muzzy a Bob en la clase de 4 años.

Del mazo de tarjetas saco el gorila.

-Señores, alguien se ha dejado suelto su gorila en la calle. ¿Quién ha sido?- pregunto con aire recriminatorio. Varios posibles dueños del animalito levantan la mano, indiferentes a mi tono.

-Your gorila?- pregunto a uno.

-No, my gorila! -responde la vecina. Así que le doy la tarjeta a ella, que aquí el que no corre vuela.

Luego voy extrayendo las tarjetas de todos las posibles mascotas, incluidos el elefante, el hipopótamo, la jirafa y la cebra -que como mascotas serán pelín raros, pero ellos se mondan de risa nada más imaginarse la situación. Y con cada una de ellos expongo los obvios riesgos de dejarlos sueltos en la calle: el elefante estaba a punto de subirse a una bicicleta, la jirafa se estaba comiendo las macetas del tercer piso, etc. Tras cada admonición, la correspondiente pregunta a los posibles dueños:

-Your elephant?

-Yes, my elephant!

Excepto con la cucaracha, mascota ideal donde las haya, en la que la conversación toma una dirección levemente diferente:

-Your cocroach?- pregunto, señalando a todos los alumnos y poniendo cara de disgusto y extrañeza. Y ellos, levantándose y señalándome, responden:

-No, your cocroach!!!!

¡Eso: para mí la más fea!¡Cría cuervos...!